Este 11 de septiembre se conmemoró un año más del ataque a las Torres Gemelas en la ciudad de Nueva York. Ataque repudiable pero que sólo puede ser entendido si se toma en cuenta la política exterior que han mantenido los Estados Unidos a lo largo de su historia. Una política exterior fuertemente marcada por un intervencionismo y expansionismo imperial que han creado un sentimiento de resentimiento y odio alrededor del planeta. Sin embargo, que este acto pueda ser entendido como respuesta a la prepotencia de una potencia mundial, no lo convierte en un suceso justificable.
Este 11 de septiembre se recuerda, también, un año más del golpe de estado que se le diera al gobierno democráticamente elegido del presidente chileno Salvador Allende. Golpe que contó con la bendición (y financiamiento) de los Estados Unidos, la derecha y sectores de la iglesia chilena. A 33 años del mentado golpe, me propongo en este artículo resaltar algo del legado que dejara Salvador Allende y la Unidad Popular.
Habría que empezar por decir que los logros alcanzados durante los casi mil días de gobierno de la Unidad Popular fueron significativos. Entre estos logros se encuentran: Un incremento considerable de personas en los colegios, así como también una apertura de las universidades, cuyos estudiantes eran mayoritariamente (por no decir casi todos), hasta ese entonces, hijos de la clase acomodada; una gran difusión de la cultura popular tanto dentro de Chile como fuera de sus fronteras, esto se palpó con las brigadas muralistas y con la música popular que adquirió fama internacional; una aceleración y profundización de la reforma agraria así como también la estatización de las áreas claves de la economía, entre ellas el cobre, que se encontraba en manos de empresas norteamericanas. Estas son solo algunas de las acciones llevadas a cabo por el gobierno de coalición izquierdista.
No obstante los logros sociales, es importante señalar otro de los aportes de la Unidad Popular, el cual es, precisamente, la unidad, la cual se dio en buena cuenta por la vocación unitaria de Salvador Allende, cuyo espíritu amplio, abierto, antidogmático y antisectario permitió la coalición de izquierda.
Más allá de los logros y desaciertos que tuvo la Unidad Popular es justo afirmar que uno de sus mayores aportes a la izquierda es el demostrar que el cambio se podía hacer por la vía pacífica. Incluso la Unidad Popular, desde antes de ganar las elecciones de 1970, jugó con todas las de la ley, ganando así la elección presidencial, a pesar de sufrir una gran campaña de desprestigio y difamación.
Allende creía que la llamada “vía chilena al socialismo” debía transitar por un camino de democracia, pluralismo y libertad. Lamentablemente, esta consigna no la hizo suya toda la izquierda. Muchos integrantes de la Unidad Popular desconfiaban de la vía pacífica al socialismo; a esto hay que sumarle los constantes sabotajes que fueron propiciados por los sectores conservadores. Esto originó una gran tensión social y una polarización de la sociedad que sirvió de excusa a la derecha chilena para pedir a gritos un golpe de estado, el cual, efectivamente, se llevó a cabo. El saldo del golpe: la Unidad Popular y Salvador Allende muertos, así como también el sueño de miles de chilenos que abrazaban la esperanza de un futuro mejor. La sangrienta dictadura de Augusto Pinochet había comenzado.
Es propicio recordar en estos momentos en que la izquierda latinoamericana está adquiriendo protagonismo en la coyuntura actual, el legado de Salvador Allende: construyamos la unidad dejando de lado la estrechez dogmática y los anticuerpos sectarios y llevemos a cabo un proyecto político que se apoye en las mayorías nacionales y cuya propuesta de cambio de la sociedad no se implante desde arriba sino, por el contrario, que se construya sobre las iniciativas y el consenso del pueblo.
Ese será el mejor homenaje que le podremos hacer a Salvador Allende, un hombre que juró no abandonar la confianza que el pueblo depositó en su persona. Su muerte es un claro ejemplo de que sus palabras y su juramento no fueron en vano.
Noviembre 2006